martes, 29 de marzo de 2022

El Fontún (12 marzo 2022)

Nos tocaba tomar rumbo al pueblo leonés de Fontún de la Tercia, al lado de Villamanín. Esta zona es conocida por nosotros pues ya habíamos intentado ascender al Brañacaballo en anteriores capítulos, con la mala o buena suerte de encontrarnos con una gruesa capa de nieve blanda que paradójicamente nos hizo sudar, en una lucha constante para evitar el hundimiento. Hoy confiábamos en encontrar menos nieve, después de una hora y cuarto de autobús y la respectiva parada para desayunar en Campomanes subimos el puerto pajares y después de pasar por nuestro anterior punto de partida, Arbás del Puerto llegamos a Fontún de la Tercia para subir, valga la redundancia al Fontún. 

Comenzamos a caminar por un sendero embarrado, barro duro y crujiente cual bombón crocanti “Mmmh, Ana saca las hojaldradas”. Nos tenemos que salir del sendero y atravesar una pradería custodiada por varios mastines que advierten de nuestra presencia con sus graves ladridos. Ya vemos nuestro objetivo, imponente, parece que tiene un poco de rock´n roll, cuánto nos gusta el rock´n roll…
De hecho encontramos similitudes con la Forcá de Proaza en la Sierra de Caranga. 

Seguimos ascendiendo, parece que el tiempo primaveral del que hablábamos en el bar mientras desayunábamos se torna invernal… Qué poco dura la alegría en casa del pobre. El tiempo está raro e inestable como el mundo estos días, guerra, pandemia, precios inestables, desabastecimiento, crispación… Lo único que nos queda es la montaña y menos mal.
Encontramos similitudes esta vez con el tramo de ascenso previo al ojo de buey en Peña Mea desde Pelúgano pues la morfología del terreno es muy similar. 

Seguimos ascendiendo atentos a donde pisamos pues hay zonas con hielo, vamos acercándonos al collado (1.760m) donde decidimos abandonar quedándonos a unos metros de la cumbre debido a la ventisca y al frío que nos golpeaba fuertemente.
La montaña es peligrosa y en esas condiciones jugársela para alcanzar la cumbre y no ver nada por culpa de la niebla era un error que no estábamos dispuestos a cometer. El objetivo de nuestros sábados no es coronar grandes cumbres sino disfrutar de una agradable ruta, de la naturaleza y de la compañía, eso es todo lo que necesitamos y con eso nos íbamos a ir como cada sábado. 

Comenzamos a descender hasta llegar a una zona ligeramente resguardada por rocas, algún árbol y protegida por una imponente pared a nuestra derecha, aquí empezaremos a comer mientras cae una aguanieve que con el paso de los minutos se torna a nieve. ¡Qué estampa! 


Genial como siempre en este grupo, tocaba volver sobre nuestros pasos y como complicarnos la vida nos gusta, nos desviamos un poco para atravesar una zona de barro que podría ser una ciénaga y una vez embarrados hasta las rodillas continuamos hasta el pueblo. Dicen que el barro tiene muchos beneficios y los spas ofrecen fangoterapia, mientras recuerdo aquella frase que solía repetir mi abuelo: “Ya no saben qué discurrir…” me pregunto si el barro será bueno para la piel de mis chirucas…
Nos cambiamos y vamos a Campomanes a por la cervecina, cuando todo parecía perfecto Javier nos recuerda que aún no pudo repartir el brownie… ¡Esto es maravilloso! 

Entre brownie, cerveza y frutos secos intentamos arreglar el mundo, algo que se nos escapa de las manos, así que ponemos rumbo a Oviedo. Cabe mencionar que hoy, aunque la homenajeada estaba ausente, estábamos de despedida pues una pequeña gran persona del grupo se nos iba a Perú a vivir una experiencia que tenemos claro que sabrá aprovechar como nadie. La despedida esta vez era de nuestra queridísima Silvia Morales, una persona cariñosa, servicial, agradecida y desinteresada, entre tantas otras cosas y que representa a la perfección los principios de esta pequeña gran familia. Suerte y a disfrutar de la experiencia moza, aquí te esperamos. 

No todo son despedidas, en la próxima ruta tendremos visitas ¡Qué ilusión!
Nos vemos en Somiedo.

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