miércoles, 11 de abril de 2018

Susarón (10 marzo 2018)

Parece que el Susarón nos la tiene jurada. En 2015 no pudimos con él, y nos conformamos con rodearlo usando la senda la cervatina. Después lo pospusimos en un par de ocasiones por nieve y mal tiempo.
Somos muy cabezotas, y tres años después allá vamos convencidos de conquistarlo en este 10 de marzo de 2018, para darnos de lleno con la borrasca Félix escupiéndonos su ira en la cara con una ventisca de hielo.

Susarón (1879 m)

Partiendo de Oviedo, y echándonos a la carretera como siempre, cruzamos la Raya -el pueblo más alto de Asturias a 1520 metros- a mitad de camino del precioso puerto de San Isidro, terminando en Puebla de Lillo. El mundo al revés: sol en Asturias, totalmente nublado en León.

Nuestro plan: parece sencillo, no lo fue tanto

Tomamos la pista de la cervatina (PR-LE 28), y al poco la abandonamos en la Tejera para afrontar una preciosa canal, que en condiciones normales es asequible, pero con la nevada caída durante el invierno nos complica la subida.

Brasileiros en la canal. Joga bonito!

Completamos la canal como buenamente podemos y nos tomamos una breve pausa en el collado previo a la ascensión. El día está feo, con frío y viento, y no lo tenemos claro: ¿subimos? ¿lo posponemos otra vez?. NOOOOO. Si nos pusieran una pared delante la atravesaríamos a cabezazos.

Nos sentimos fuertes y confiados, y le echamos una partida al Susarón, que nos ve la apuesta. Pero siempre es la montaña la que elige el momento, y quizás este no era el más propicio. Algunos miembros del grupo nos esperarán prudentemente abajo, y otros que no deberían haber subido, lo intentan.

En procesión por la bella arista del Susarón

Subimos por la cara Oeste acercándonos a la bella arista de la montaña, muy rápido algunos, más despacio otros, cada uno a su ritmo, alargando el pelotón hasta ir en fila india, y llegamos a la cumbre. O mejor dicho, a la precumbre. Hay un paso malo y peligroso con la nieve, que es mejor no cruzar.

Entonces el monte se enfada por nuestro atrevimiento, y llama a su amigo Félix que pone sobre nuestras cabezas una ventisca de hielo con aires gélidos y muy potentes. Empezamos a bajar veloces, pero la piedra empapada hace que cada paso sea un calvario al tener que extremar las precauciones y el equilibrio. Mientras tanto, los que quedaron abajo se quedan helados al no moverse.

Los más ágiles bajan deprisa, pero el cierre del grupo avanza muy despacio al tener que ayudar a varias personas. Al fin, y tras más de dos horas de pasarlo mal, mojados y con las manos muy frías, nos reagrupamos todos en la pista para retomar la cervatina y volver a Puebla de Lillo.

En el bosque de la cervatina, rodeados de pinos y melojos

Después de la tormenta siempre viene la calma, y llegando al pueblo un tímido sol nos alegra un poco la piel y el corazón. Más tarde, al calor de la lumbre y de la barra del bar, nos vuelve la sonrisa y el buen rollo de siempre.

Hay días mejores y peores, en la montaña nada es seguro. Siempre siempre hay que ir con prudencia, no confiarse y ayudar a los demás. Mamá Pato sufrió un poco, pero está aliviada de llevar a sus polluelos sanos y salvos a casa. Un abrazo grande a Álvaro por su inestimable ayuda y a todos los que, aun pasándolo mal, se lo tomaron con buen humor. Unas sidras en Oviedo, y nos veremos después de Semana Santa...

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lunes, 5 de marzo de 2018

Brañavalera (24 febrero 2018)

Nuestro gran amigo Alessandro, desde su ostracismo hamburgués, nos regaló su grata presencia con una visita estos días, y de paso nos relató con su perfecto itañol la ruta de hoy, que una vez más hubo que cambiar, repitiendo Brañavalera (como en las navidades de 2015). Parole parole:

Brañavalera (1483 m)

Resumen de la excursión a Brañavalera.

Ya a las primeras horas de la mañana el día parece ser muy prestoso: un tímido solín empieza a calentar la fría mañana invernal. Como siempre quedamos en plaza de la Gesta y, después de los saludos, salimos de allí a las 8:39. Nos paramos a desayunar en Pola de Lena donde hemos podido disfrutar de una taza de café con leche o de un cola cao. Una vez acabado el desayuno volvemos al autobús que nos ha llevado hasta el alto de la Cobertoria, punto de partida de la excursión.

Muy sonrientes en la Cobertoria

Hemos empezado a subir por una pista con una ligera inclinación y hemos podido admirar el paisaje que nos estaba rodeando: los montes cubiertos de nieve, los verdes valles asturianos y más lejos el mar Cantábrico (también conocido con el nombre de Océano Atlántico por parte de los transpirenaicos). Después de los primeros 45 minutos de camino hemos empezado a pisar la muy esperada nieve y, a partir de este momento, la marcha se ha hecho más lenta y más animada al mismo tiempo. Hemos seguido andando por otra media hora hasta el comienzo de la verdadera subida, antes de la cual hemos descansado para recuperar las fuerzas. Los más prestosos cocineros del grupo han aprovechado de este descanso para ofrecer a los participantes sus manjares mientras un grupo de psuedo-adultos ha empezado una batalla con bolas de nieve que seguirá para toda la excursión. Una vez acabado el descanso hemos empezado la subida más dura del día y después de una larga media hora hemos llegado a un collado, con una vista hermosa sobre las montañas cubiertas de nieve. Aquí hemos descansado y la gente ha aprovechado el panorama para sacar fotos.


Al final, después de mucha subida, hemos tenido que dejar el collado bajando un poco.  Los físicos han aprovechado de dicha bajada para explicar a la parte restante del grupo como funciona un plano inclinado. Por lo visto la lección ha sido muy bien aprendida por parte de un matemático y otros excursionistas que han decidido ponerla en práctica disfrutando, en este modo, de la nieve. Una vez acabada la bajada hemos vuelto a caminar en una pista que iba más o menos en llano hasta el principio de la última subida que nos ha conducido a la cumbre, donde llegamos después de una ultima hora de camino. Increíblemente no había nieve en la cumbre y, debido a la falta de geólogos, el fenómeno se queda sin explicación.


¡Desde la cumbre la vista ye hermosa, ho! A lo lejos hemos podido claramente ver los Picos de Europa y delante de nosotros se perfilaba "la tierrina". Desafortunadamente este momento de reconciliación entre hombre y naturaleza ha estado ruinado por parte de un habitante de la más grande aldea de Asturias que se puso una camiseta con dudoso gusto estético en el momento de sacar la foto de grupo. De todas formas, gracias a fotoshop y un a poco de sentido común el daño ha sido reparado.

¡Cumbre! Al fondo, en el horizonte, se ven los Picos de Europa bajo la luna

Las Ubiñas, con la pirámide de Peña Rueda destancando en primer plano

Pico Torres, vestido de blanco

No todos los días se come viendo este espectáculo

Terminada la comida hemos empezado la bajada por el mismo camino de la ida. También durante la vuelta muchos de nosotros han vuelto a ser niños y han disfrutado de la nieve a través de batallas con bolas y bajadas en trineo.

El hermoso atardecer tenía una luz muy especial

Una vez que hemos llegado al autobús y que nos hemos cambiado de ropa hemos empezado la vuelta a la capital. Desafortunadamente no hemos podido volver a Oviedo con la usual puntualidad debido a un desfile de carnaval en Pola de Lena, donde hemos decidido parar para tomar algo.  De todas formas, hemos llegado al destino sobre las 19:30 de la tarde y como ya es tradición hemos ido a tomar a sidra, empezando en este modo la tradicional "post-ruta" Pero esta ya ye otra historia.

¡Bravo! ¡Qué grande eres! Jajaja. Te echamos de menos, pero te veremos pronto. ¡Hasta la próxima!

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viernes, 16 de febrero de 2018

Picu Llosoriu (10 febrero 2018)

Un frente polar visitó Asturias durante la primera mitad de febrero. No por esperado, deja de ser menos extraño: con temperaturas primaverales cercanas a los 20 grados -unos días antes-, después pasamos a 0 grados, y las montañas se vistieron de su silencio blanco para recordar qué bonito es el invierno, y qué necesaria la nieve.
También Oviedo y su Naranco tuvieron su manto blanquecino después de varios inviernos sin él. Esperemos que los próximos vuelvan ser como éste: inviernos, aunque (espero equivocarme) lo dudo bastante.

¿No queríais nieve? ¡Tomai nieve!

Con espesores de más de 2 metros en Pajares, puertos cerrados, trenes cancelados y la meseta aislada de Asturias, era imposible hacer la excursión planeada desde Torrestío a Somiedo. Pero como siempre, el Ilustre Cuerpo de Guías del Grupo de Montaña de la Universidad de Oviedo encargó un día de tregua en este temporal siberiano, precisamente el sábado 10 de febrero, para poder pasar una jornada de nieve muy grata y en muy buena compañía.

Así que nuestra ruta alternativa es la subida al Picu Llosoriu (997 m), muy cerquita de Oviedo (y de fácil llegada para el autobús), y altitud máxima del cordal que separa los concejos mineros de Morcín y Riosa al oeste, y Mieres al este.

Picu Llosoriu (997 m)

Paramos a desayunar en Mieres del Camín y, después del avituallamiento, el autobús se detiene en el pozo Nicolasa, donde empezamos a caminar. La explotación minera del carbón en Asturias, iniciada en el siglo XVIII y en franco declive desde hace unas décadas, tuvo en este pozo uno de sus más trágicos momentos con la explosión de gas grisú en 1995, que mató a 14 mineros. Actualmente el pozo Nicolasa es el único que sigue activo en el concejo de Mieres, después de más de 150 años.


Santa Bárbara bendita,
trianlará lará, trianlará.
Santa Bárbara bendita,
trianlará lará, trianlará.
Patrona de los mineros,
mirai, mirai Maruxina, mirai,
mirai como vengo yo.

Tras un breve trayecto por carretera, tomamos una pista ganadera que enseguida pica hacia arriba, y nos va metiendo de lleno en la nevada. Con cierto esfuerzo, pero contentos porque el día acompaña, y porque las preciosas estampas invernales nos motivan, superamos la cuesta y llegamos al collado La Vara (800 m). Aquí el espesor de la nieve nos hace avanzar muy despacio. El espesor y las batallas de bolas... ¡sois como niños!


Colláu La Vara (800 m). Al fondo la cresta y la cumbre

Desde el collado arranca una bonita y sencilla cresta, espectacular con la nieve, que poco a poco nos acerca a la cumbre, en la que nos paramos a deleitarnos de las vistas de la Sierra del Aramo, del Monsacro y de toda la cordillera. También de los valles mineros y de la capital asturiana.
Aunque no sobrepasa el millar de metros de altitud, la nieve nos deja espesores de más de medio metro en lo alto del monte, lo que nos hace disfrutar como guajinos libres de la tiranía de las clases por la nevada. También nos deja bastante cansadinos.

¡Cumbre! Préstanos la nieve

Me estoy quedando sin piernas por la fame...

Oviedín del alma

Monsacro

Bajamos a comer a la collada para estar a resguardo del viento gélido. Es muy temprano y nos queda una plácida bajada hacia el valle de Cenera, recorriendo un guapo camino y rodeados de fincas, bosques y pueblinos como Cangas, Gallegos y Villar de Gallegos.
Arribamos a nuestro destino: Cenera. La lluvia aparece puntual una vez más, justo para cambiarnos y tomar unas sidras en el precioso pueblo, núcleo importante de turismo rural y famoso por la Romería de los Santos Mártires de Valdecuna.

Villar de Gallegos

Cenera

Qué guapina ye la nieve, y más en Asturies...

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viernes, 2 de febrero de 2018

Obona – Pola de Allande. Camino Santiago Primitivo (27 enero 2018)

Etapa 4: Tineo (Obona) - Pola de Allande
(Etapa anterior: Salas - Tineo)
Un viento llegó por Cezures
y se llevó los balagares,
si llegase por Obona
se llevaría a los chavales.
(dicho popular)

Mi padre era pastor. Nació en Obona, una aldea encajada en las laderas de la Sierra de Tineo, hijo de una viuda y hermano de muchos hermanos. Para que su familia pudiera comer, tenía que ayudar aun siendo un niño, trabajando muy duro, llevando él solo el ganado por los montes, acompañado sólo de un perro y de su valor. Miseria, hambre y frío. Y soñar soñando algo mejor.

Mi padre no fue un niño, no pudo serlo. Tuvo que crecer rápido, y dejando todo atrás se vino a Oviedo para seguir trabajando y soñando. Gracias a él y a mi madre, yo y mis hermanos pudimos estudiar y tener la vida que había soñado para sí mismo. Mi padre murió el año pasado, y al traer mis pasos por su tierra, viene a mi memoria su recuerdo.

Panorámica de Obona y de su monasterio

La etapa cuarta del Camino Primitivo lleva de Tineo a La Puela, y como es algo larga incluso para nosotros (más de 30 kilómetros), acortamos el primer trozo saliendo de Obona, aldea conocida por su monasterio de Santa María la Real. La aldea y su monasterio cobraron mucha importancia en la ruta jacobea, hasta el punto que se considera que su nombre se lo dieron los peregrinos franceses (eau bonne) por la excelente agua que aprovisionaban en el lugar durante su camino hacia Santiago.

Santa María la Real de Obona

Claustro

El bello y sobrio monasterio -y su iglesia-, fundados supuestamente en el siglo VIII, consta de una variedad de estilos arquitectónicos y se encuentra en un estado lamentable de abandono. En uno de sus documentos figura la más antigua referencia escrita de la sidra en Asturias: los siervos deberían recibir sidra si fuera posible. Cuánta sabiduría.

Parecía que iba a llover, pero los guías del Grupo reservaron la lluvia a las 16:00 horas

Estamos un rato merodeando por el monasterio, hacemos algunas fotos, y partimos para continuar nuestro camino, que discurre por los montes que rodean la zona, inmersos en un precioso bosque de castaños y robles. Siguiendo la senda y las flechas amarillas, llegamos hasta Villaluz, donde nos damos un respiro y conversamos con los lugareños, y más tarde continuamos hacia Vega del Rey.

Ya no se hacen paisanas como las de antes

En Tineo las lindes de las fincas son contundentes

Desde aquí la ruta se hace algo más pesada, ya que avanzamos por la carretera: el asfalto es duro para los pies y hay que tener cuidado con el tráfico. Atravesamos varias aldeas: Campiello, El Espín... hasta llegar a Borres, donde -al fin- abandonamos la carretera y seguimos por caminos. En este punto está el cruce para seguir por Hospitales, un bonito desvío que rodea por los montes y aparta de Pola de Allande, pero que nosotros no vamos a tomar.

Somos muy rurales

Llaneando atravesamos fincas y bosques, y aldeas recónditas como Samblismo y la Mortera, donde comemos en una nave agrícola. Después del atracón de hidratos, el camino empieza a picar algo hacia arriba, para que, después de Porciles, llegar al alto de Lavadoira (815 m), única complicación de la jornada.


Son las 4 de la tarde y sólo nos queda bajar hacia La Puela, y aunque el valle es precioso, la lluvia llega puntual y no podemos hacer mucho más que darnos prisa y poner ropa seca en el autobús. Nos reconforta la senda dejada atrás y una -varias- cerveza artesanal Deva, de la tierra que pisamos hoy. ¡Buen Camino!

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