lunes, 6 de febrero de 2017

Tornos de Pandemules (3 diciembre 2016)

Tres años después de intentar esta misma ruta de los Tornos de Pandemules (en la que un chaparrón de cuatro horas nos hizo dar la vuelta), lo volvemos a intentar... y con las ganas de hacer cumbre nos volvemos a quedar, esta vez por nieve y hielo. Pero tuvimos un día muy agradable. Celes nos lo cuenta:

Los Tornos o Peña Crespa (1558 m)

Diciembre, Navidad, nieves, bonito mes, frío, pero bonito…

Pese al frío nos dirigimos a Oviedo desde donde emprendemos el camino hacia el concejo de Caso, concejo bonito y lo que más nos gusta montañoso.

Todos tenemos mono de montaña, no cabe duda que es adictivo. Más aún con el buen ambiente que tenemos en nuestro amado grupo y que parece que incrementa con la llegada de la Navidad.

Tras un largo viaje pero como siempre entretenido y mucho, con una breve parada en el bar de Rioseco para desayunar. Sin lugar a dudas, es el momento perfecto para los saludos, abrazos, sonrisas, palmaditas, nuevas caras y reencuentros entre cafés y pinchos. Pronto llega el momento de retomar nuestro camino, llegamos a Campo Caso y continuamos tomando curvas hasta llegar a un pequeño pueblecito al pie de la montaña, donde desgraciadamente no vivía nuestro amigo Marco pero sí había espantapájaros con estilo “fashion”, dicho pueblecito tenía como nombre Orlé situado en pleno parque natural de Redes a 700 m de altitud.

¿mono de montaña o espantapájaros fashion?

Caminaremos por una pista de hormigón y pronto nos adentraremos en el camino de piedra que nos llevará hacia la preciada y hermosa nieve. En el camino observaremos preciosas cascadas, el río nos acompañará a la izquierda y dejaremos atrás varias fuentes y  árboles con tonalidades que abarcan casi todos los colores de la escala cromática… Pero no todo fue perfecto, también tuvimos que pelearnos un poco con el barro, nada nuevo bajo el sol… ¿Qué auténtico montañero no vuelve con barro entre los tacos de sus botas?

Continuamos caminando y despojándonos de prendas, la temperatura era del todo primaveral y el señor Lorenzo brillaba con fuerza durante la mayor parte del día.


Una vez avistada la nieve, la parada fue obligatoria… Había que retomar el proceso bélico que ya se había iniciado en la excursión anterior… Fueron muchas las bolas de nieve que iniciaron misteriosamente el vuelo y se estrellaron en los tejidos térmicos de muchos de los montañeros.

Continuamos subiendo, entre canciones Disney, recuerdos sonoros aunque no muy melódicos de los 80 y 90 y alguna que otra versión improvisada que incrementaba el riesgo de precipitaciones, además de debates de todo tipo, ya fuesen de género, gastronómicos, sexuales, políticos, laborales, etc. Está claro que se trata de un grupo muy variado, diverso, heterogéneo con múltiples puntos de vista y cada uno de nosotros aportamos nuestro granito de arena para hacer el grupo del CAU un grupo peculiar y diferente, ante todo especial.

Una vez alcanzamos el collau de Piedrafita observamos el macizo occidental, “Picos” ¡Si! Allí estaban, allí estaba Pierzu, Peña Santa, el Cuetón… Y estaban nevados y muy favorecidos gracias al brillo del sol. ¡Vistas impresionantes!

En el collau de Piedrafita

Iniciamos la ascensión final hacia la peña de los Tornos con 1558m pero poco antes de llegar a cumbre hemos de detenernos y dar la vuelta, pues había placas de hielo y se hacía complicado trepar, no obstante casi llegamos a la cima y el paisaje que pudimos avistar fue del todo espectacular, parece que todos los astros se alinearon perfectamente para que fuese una excursión maravillosa. Nieve, sol, Diciembre, calor, chocolate, alegría, cánticos, paisajes de ensueño. ¿Qué más se puede pedir?

En la falda de la montaña comimos, la generosidad y el espíritu navideño se palpa en el ambiente, fueron muchos los dulces repartidos y ofrecidos, desde turrón de chocolate a bombones, pasando por galletitas saladas, gominolas, palmeras y mucho más.

Ascesión final

Bajamos, con muchos más cánticos, debates, sonrisas, mucha comedia y colegueo. Nos cambiamos donde buenamente pudimos, algunos con más pudor que otros… Ya sexis y dispuestos el autobús nos llevó nuevamente a Rioseco donde muchos de nosotros tomamos una “Caleya” maravillosa cerveza de nuestra tierra, fabricada allí en Rioseco; como siempre tirando por la tierrina. Después de las largas conversaciones subimos al autobús que tomó ya un rumbo directo a Oviedo, para muchos la tarde no acabó ahí, aún quedaba mucho líquido perdido pendiente de recuperar… JAJAJ

Agradeceros a todos la compañía, el buen ambiente y el cariño, que así siga en futuras excursiones. Por los siglos de los siglos… Amén.

Me despido con una frase de Gabriel García Márquez:

“El mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subirla”.


La galería completa de fotos en flickr.

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viernes, 3 de febrero de 2017

Peña Mea (19 noviembre 2016)

El subir Peña Mea, con sus aparentemente escasos 1558 metros de altitud, nos deja un sabor de boca de haber coronado una montaña de mayor magnitud.
Quizás sea por su belleza, por su magnífica ubicación (en el cordal del Retriñón, en el límite de los Concejos de Laviana y Aller) o por sus pequeñas trepadas.
O seguramente por el impresionante Ojo de Buey, tallado en la roca por fuerzas inimaginables a través de millones de años.

Peña Mea (1558 m) o Pico Dubil

Ascensión a Peña Mea desde Pelúgano

El tiempo acompaña a este sábado 19 de noviembre, y si no tenemos el buen humor reinante en el Grupo de Montaña de la Universidad de Oviedo.
Llegamos a Pelúgano tras realizar el tradicional (segundo) desayuno, y nos ponemos en marcha con muchas ganas de patear.

Formas caprichosas de las rocas

La ruta es corta pero en algunos tramos exigente: tras pasar por diversos caminos y pistas, atravesando fincas y pequeños bosques que salpican la jornada de color otoñal, llegamos a la Canal de las Cuevas, que nos impone una subida vertiginosa.
Cada uno la supera como puede, unos cantando, otros en silencio, algunos maldiciendo a los que cantan. Pero el final de este tramo tiene premio: el Ojo de Buey, símbolo de la Peña.

Para completar el momento, majestuosos buitres leonados aparecen sobrevolando nuestras cabezas. ¿Estarán evaluando si alguno de nosotros puede ser un buen bocado?

En el ojo del mundo
los buitres danzan.

Lo peor ya está hecho. Después del ojo, girando a la derecha, el camino serpentea por la cresta abriendo una herida en la roca, y nos acerca, tras algunas pequeñas trepadas y divisando diversos neveros, a la cumbre, que tiene unas vistas estupendas de casi toda Asturias.




Tiritando por el gélido viento que se levanta pero felices, damos media vuelta para comer justo al abrigo de ojo. No sé que nos pasa que nunca elegimos muy bien el sitio de comer, el viento se cuela por el furaco y es mejor ponerse a cantar antes que maldecir...

Gracias a Aída y Calixto por las estupendas fotos.

La galería completa de fotos en flickr.

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